Adriano Correia Claro

Adriano Correia ClaroSaludos amigos, me llamo Adriano Correia Claro y nací en la ciudad brasileña de Coritiba, donde empecé a jugar al fútbol desde muy joven. Cuando tenía solo 8 años sufrí una lesión en mi pierna derecha, y mi padre me animó a intentar jugar con la pierna izquierda.
Mi primer equipo profesional fue el Coritiba Foot Ball Club, en que debuté antes de cumplir 18 años. En enero de 2005 llegué al Sevilla FC, disputando con este equipo más de 200 partidos en una estancia de más de 6 años.

Adriano Correia Claro

El 16 de julio de 2016 se hizo oficial mi fichaje por el FC Barclelona, uniéndome así a mis compatriotas Daniel Alves y Maxwell. A grandes rasgos, podría deciros que a la par de mi carrera profesional, mi vida personal ha estado marcada por muchos problemas personales a lo largo de los años, y por largas temporadas en las que no me sentía bien conmigo mismo. Pero desde que conocido a Dios, estoy en sus caminos y asisto a la Iglesia, mi vida ha cambiado mucho y el cambio es para mejor. Disfruto mucho del tiempo que paso con mi familia cuando salimos a divertirnos, a pasear, y también cuando simplemente estamos todos juntos en casa. Buscamos tiempo para orar juntos. Considero que debemos tener unos minutos de oración todos los días, en cualquier momento, y también antes de comer, antes de acostarnos; para nosotros es muy importante.

Si no tuviese a Dios en mi vida, creo que no podría estar tan bien como estoy ahora en mi carrera, ni tendría la hermosa familia que tengo hoy. Seguro que no estaría en este buen camino.

Dios nos ha dado un regalo muy especial: nuestro hijo. Es algo que nos faltaba, un deseo que mi mujer y yo teníamos en el corazón, y Dios ha cumplido este deseo. Por eso puedo decir que ahora nuestra familia está completa. Quiero dejar con vosotros un versículo que llevo conmigo; un texto muy importante para mí, que me ha ayudado en los momentos más difíciles de mi vida. Es un Salmo que escribió David cuando estaba en el desierto de Judá. Es el Salmo 63: 1-8 y dice:

“Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Te he visto en el santuario y he contemplado tu poder y tu gloria. Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán. Te bendeciré mientras viva, y alzando mis manos te invocaré. Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche. A la sombra de tus alas cantaré, porque tú eres mi ayuda. Mi alma se aferra a ti; tu mano derecha me sostiene”.

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